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EE UU aprovecha el vacío europeo antiblanqueo

La falta de una autoridad común deja el campo libre a Washington para perseguirlo

  • Cinco Días
  • 31 Aug 2018
  • CHRISTOPHER THOMPSON
Activistas de Resistenza Malta ponen un cartel en el Ministerio de Finanzas del país, protestando por la escasa lucha contra el blanqueo del Gobierno.

Europa tiene un punto ciego en al lavado de dinero. A los líderes de la UE se les está pidiendo que refuercen sus normas contra el blanqueo tras una sucesión de escándalos bancarios. Pero la quinta directiva del bloque al respecto, que los estados miembros tienen hasta 2020 para cumplir, no aborda el problema de raíz.

No hay una autoridad europea independiente que pueda obligar a los bancos a revisar sus prácticas. El BCE no tiene poderes independientes para investigar; solo puede hacerlo una vez que las “autoridades nacionales competentes” (reguladores locales) han llamado su atención sobre un asunto para establecer una posible infracción. Pero la experiencia o capacidad de estas en este tema suele ser limitada. Eso

Letonia, Chipre y Malta son áreas de especial preocupación, pero no las únicas

da a los delincuentes una ventana de oportunidad.

Los vínculos de los bancos con los políticos locales complican aún más las cosas. Incluso cuando se levantan sospechas, el BCE se enfrenta rutinariamente al bloqueo de algunos bancos cuando solicitan informa- ción, según fuentes conocedoras del tema. Letonia, Chipre y Malta son áreas de especial preocupación. Pero el problema no se limita a los países pequeños; tampoco afecta exclusivamente a la zona euro. El Danske Bank danés, por ejemplo, está siendo investigado por transacciones rusas sospechosas por un total de unos 8.000 millones de dólares en su filial de Estonia.

Así, EE UU se ha convertido en la autoridad de facto contra el blanqueo en Europa. La preocupación del Tesoro de EE UU por el banco letón ABLV condujo directamente a su colapso. Y la incertidumbre de los inversores en torno a Danske Bank se debe principalmente a los temores de un castigo por parte de Washington, y no de los reguladores locales.

El BCE no puede abordar por sí solo el problema. Su jefa de supervisión, Danièle Nouy, renunciará a su cargo a finales de año, y ya se está enfrentando a los persistentes desafíos de las deudas incobrables y la baja rentabilidad entre los prestamistas de la eurozona.

Se necesita un órgano separado de la UE, independiente de las autoridades locales, y libre en lo posible de injerencias políticas. Hasta que no sea así, EE UU seguirá funcionando como el principal policía europeo contra el blanqueo, y los bancos europeos seguirán temiendo una prima geopolítica en cualquier castigo por el tema.

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